Wednesday, February 16, 2011

Dedicado a los amigos que dejé por el camino (y no precisamente porque hayan muerto...)


Vive rápido, muere joven y haz un bonito cadáver
No creo que haya nada que describa mejor el colmo de la vanidad humana. Hacer un bonito cadáver... ¿A quién le importa? Supongo que les importaba a los faraones y otras gentes a las que el orgullo de ser quien son les revienta las costuras del alma y del sentido común. Sin embargo, lo de hacer un bonito cadáver sigue siendo uno de los sueños dorados de mi generación. Y al hablar de mi generación, estoy hablando de gente que ya no puede morir joven. Y aquí comienza la tragedia bufa. Porque, nos preguntamos, qué se entiende por joven? Y nos respondemos, con la gran sabiduría que nos dan los años: Joven es todo aquel que vive con pasión, que siente curiosidad, que es capaz de entusiasmarse y darlo todo por una causa... Ergo, yo soy joven. Haré un bonito cadáver.
Pero claro, la sabiduría de los años tambien te indica que no hay que ser tan intransigente, que una casita de vacaciones no te señala obligatoriamente como burgués; que el no arriesgarse indica sentido común y no necesariamente conformismo; que hay que saber diferenciar entre la utopía y la realidad, entre el ideal y el pragmatismo...
Y, efectivamente, cuando yo me muera, haré un bonito cadáver. Y si algunos lo encuentran maloliente, asqueroso y putrefacto, será su problema, porque yo, que soy mayor y poseo la sabiduría, sé que es bellísimo, y a ver quien se atreve a rebatirme el invento.

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