
Ya hemos llegado.
Esto era.
Bien.
La última puerta se ha cerrado
-la he cerrado-
y se ha llevado unos cuantos jirones
de mi piel.
Pero en realidad,
sólo duelen de verdad los primeros.
El desgarrón inesperado
que te despierta con garras heladas.
Cuando aprendes,
aprietas los dientes
y aguantas.
La herida palpita y provoca olas
como se podría esperar.
No pasa nada.
Espero .
Que acabe.
Pronto.





